Mi
conocimiento sobre el movimiento francés era demasiado fragmentado cuando en
aquella reunión forcé el cambio de tema.
Y, prácticamente, nulo antes de enero de 2009. Fue mi hija Lucía quien nos enteró (a toda la
familia) de lo que estaba pasando en la Universidad de Toulouse fundada en 1229,
y en Francia toda. Ella se encontraba a pocos
días de empezar su último semestre de licenciatura en Filosofía.
Aunque
la extrañamos muchísimo, nos reconfortaba que estudiara en una ciudad tan bella
y tranquila. La sureña ciudad de
Toulouse, la más importante del mediodía pirinéico, y la cuarta de Francia no
ha perdido su aire del siglo XII, ni el medieval, a pesar de la presencia de
las empresas de tecnología de punta, y de ser el centro aeroespacial europeo.
La comunicación con Lucy es tan frecuente como lo deseamos gracias a la internet y sus diversas vías: correo electrónico para mensajes largos e intercambio de documentos; charla escrita directa con uno o más conversadores; pero no hay como escuchar su voz, cosa que hacemos todo el tiempo que ella nos deja.
La comunicación con Lucy es tan frecuente como lo deseamos gracias a la internet y sus diversas vías: correo electrónico para mensajes largos e intercambio de documentos; charla escrita directa con uno o más conversadores; pero no hay como escuchar su voz, cosa que hacemos todo el tiempo que ella nos deja.
Esa
noche de enero nevaba en Toulouse, donde suele nevar poco y rara vez, y Lucy
describía, para nosotros, lo atractiva que se veía la iglesia gótica Notre Dame de la Dalbade de finales del
siglo XV, cuya iluminada fachada puede contemplar desde la ventana de su
habitación.
Su descripción, particularmente elocuente, casi me impidió detectar pequeñísimos cambios en el tono de su voz. Cuando le pregunté, con el mayor tacto que me fue posible, cómo le había ido en los exámenes del semestre que acababa de terminar (en su caso el penúltimo de la Licenciatura en Filosofía), me contestó que todavía no le entregaban oficialmente las calificaciones, pero que había salido muy bien en todo, incluso en la materia que más le preocupaba, la profesora le informó que había obtenido una calificación de 17 sobre 20 (lo que es muy bueno tratándose del estilo francés de calificar).
Su descripción, particularmente elocuente, casi me impidió detectar pequeñísimos cambios en el tono de su voz. Cuando le pregunté, con el mayor tacto que me fue posible, cómo le había ido en los exámenes del semestre que acababa de terminar (en su caso el penúltimo de la Licenciatura en Filosofía), me contestó que todavía no le entregaban oficialmente las calificaciones, pero que había salido muy bien en todo, incluso en la materia que más le preocupaba, la profesora le informó que había obtenido una calificación de 17 sobre 20 (lo que es muy bueno tratándose del estilo francés de calificar).
Después
de que la felicité y apapaché verbalmente, añadió: “No, si ahí no está el problema…”
Cuando creí tener permiso de mi amada interlocutora para inquirir cuál
era el problema, o dónde sí estaba el
problema, reviró endureciendo el tono: “¿Acaso
no estás enterado de lo que ha estado pasando con la ley Pécresse?”, “No tengo ni idea de qué trata esa ley”, “Pues está afectando a toda Francia y quisiera saber qué opinas”, “…Deja que me informe. …y por lo demás ¿cómo
te sientes de salud?”, “Tengo que
cocinar, nos comunicamos pronto, salúdame a todos, los quiero mucho.” Más
le valía a su padre tener alguna opinión para la próxima vez que hablaran.
Y me
puse a buscar información. En los
periódicos mexicanos, nada; en el New
York Times, nada; en The Economist,
nada. Mi mujer me envió el trabajo “¿Refundación
de la universidad francesa?” del mexicano Roberto Rodríguez Gómez,
publicado en septiembre de 2007. Leyendo la primera página del documento
aprendí que Pécresse es el apellido de la ministra de Educación Superior e
Investigación del gobierno de Nicolás Sarkozy, y que la ley llamada
coloquialmente Pécresse es la Ley relativa a las Libertades y
Responsabilidades de las Universidades, LRU, vigente a partir del 11 de
agosto de 2007. Me urgía saber qué
estaba pasando en el 2009, por lo que pospuse la lectura del documento. Le solicité a Google el sitio de Le Monde,
el principal diario francés. Apenas y
encontré cosas que complementé con las que proporcionaba el cotidiano de
centro-izquierda, Libération.
Reanudé
las conversaciones con Lucía tocando apenas el tema universitario, pero
sintiendo que mi profunda ignorancia disminuía, poquito pero disminuía. Confieso que seguía sin revisar 2007 ni 2008,
antecedentes lógicos del enero 2009. De
manera semejante a declarar el detonante al 22 de marzo de 1968, día en que
miles de estudiantes toman la Universidad de Nanterre después de ser reprimidos
violentamente al manifestarse en las calles exigiendo participar en política.
Un hecho es tan bueno como otro para etiquetarlo de ‘inicio’. La Revolución de Mayo en Francia, menciona, además de la anterior, a noviembre de 1967 cuando los problemas causados por la ‘superpoblación’ estudiantil lleva a 10 000 estudiantes de Nanterre a declarar la huelga general. Y antes de situar las verdaderas causas en el plano mundial, rescata las manifestaciones en París del 21 de febrero de 1968. Recurrí al documento histórico que cito arriba, porque me fue imposible espantar a los fantasmas que rondaban mis circunvoluciones. Eran dos fantasmas entrañablemente amigables, mucho más que Gasparin. Sin dudar, volví a hojear esos dos libros inseparables: La ‘Revolución de Mayo’ en Francia, cuadernito que caería en mis manos algún día de agosto en la Ciudad Universitaria de 1968, y que me bebí, como ahora me bebo un buen vino francés ‘metido a la botella en las mazmorras del castillo’; el otro libro es ‘1968 el mayo de la revolución’, aparecido 31 años después. Ambos escritos por el mismo autor. Es posible que en la actualidad sobrevivan pocos ejemplares de este documento que no aclara su autoría. Afortunadamente, Armando Bartra retoma lo escrito por el joven Bartra tres décadas antes. Lo imagino alisando sus canas mientras lo analiza. Decide dejarlo tal cual, aunque le incorpora al principio una “noticia”, y una introducción, que denominó Un joven fantasma recorre el mundo. Cierra la tenaza, 139 páginas después, con La revuelta de julio en México, esto le permite publicar en 1999 un libro propio de este siglo.
Un hecho es tan bueno como otro para etiquetarlo de ‘inicio’. La Revolución de Mayo en Francia, menciona, además de la anterior, a noviembre de 1967 cuando los problemas causados por la ‘superpoblación’ estudiantil lleva a 10 000 estudiantes de Nanterre a declarar la huelga general. Y antes de situar las verdaderas causas en el plano mundial, rescata las manifestaciones en París del 21 de febrero de 1968. Recurrí al documento histórico que cito arriba, porque me fue imposible espantar a los fantasmas que rondaban mis circunvoluciones. Eran dos fantasmas entrañablemente amigables, mucho más que Gasparin. Sin dudar, volví a hojear esos dos libros inseparables: La ‘Revolución de Mayo’ en Francia, cuadernito que caería en mis manos algún día de agosto en la Ciudad Universitaria de 1968, y que me bebí, como ahora me bebo un buen vino francés ‘metido a la botella en las mazmorras del castillo’; el otro libro es ‘1968 el mayo de la revolución’, aparecido 31 años después. Ambos escritos por el mismo autor. Es posible que en la actualidad sobrevivan pocos ejemplares de este documento que no aclara su autoría. Afortunadamente, Armando Bartra retoma lo escrito por el joven Bartra tres décadas antes. Lo imagino alisando sus canas mientras lo analiza. Decide dejarlo tal cual, aunque le incorpora al principio una “noticia”, y una introducción, que denominó Un joven fantasma recorre el mundo. Cierra la tenaza, 139 páginas después, con La revuelta de julio en México, esto le permite publicar en 1999 un libro propio de este siglo.
Al
pasar algunas semanas ante la pregunta ¿Estás hablando de otra huelga
estudiantil francesa? Podía contestar: No, los profesores e investigadores de
80 universidades francesas votaron por hacer huelga. Al principio los estudiantes jugaron un papel
de apoyo, meses después las crepas dieron la vuelta. ¡Inconcebible! Se
asombraría otro.
Yo no recuerdo nada parecido en México, y mi posible olvido lo compenso mencionando Quand la plèbe fait l’Histoire, título que Stéphane Legrand escogió para su reseña del viernes 25 de enero 2008 en Le Monde, dedicado al libro de Martin Breaugh, L’Expérience plébéienne. Une histoire discontinue de la liberté politique donde demuestra cómo la democracia se nutre de la insurrección, y lo hace analizando las revueltas populares, ocurridas desde la antigüedad hasta la época contemporánea. Stéphane Legrand empieza su reseña aclarando a sus lectores que “Se tiene siempre razón al insurreccionarse. Pero la insurrección no es ni la revuelta ni una revolución, es otra cosa y más que un hecho histórico: una dimensión fundamental de nuestra experiencia, es decir de nuestra relación con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Esta experiencia es la de la ‘plebe’, tal como la presenta Martin Breaugh.”
Pero los profesores e investigadores caen un poco más dentro de los ‘patricios’ que del lado de los ‘plebeyos’ ¿o no? ¿Por qué se fueron, entonces, a la huelga los profesores e investigadores? Para contrarrestar la implantación de programas gubernamentales enfocados a reformar las condiciones académico laborales de la educación superior y la investigación en las universidades públicas de toda Francia, incluyendo los requisitos para contratar maestros de primaria y secundaria.
Las organizaciones de profesores e investigadores solicitaron, y luego exigieron, negociar cambios y ajustes a las reformas diseñadas unilateralmente por la burocracia ministerial. Pero, lo que realmente detonó la movilización fue el rechazo, y desdén, mostrado por el Ministerio de Educación Superior e Investigación hacia el deseo de participación. Pero, ¿A quién se le ocurre optar por el enfrentamiento y la ruptura?
Yo no recuerdo nada parecido en México, y mi posible olvido lo compenso mencionando Quand la plèbe fait l’Histoire, título que Stéphane Legrand escogió para su reseña del viernes 25 de enero 2008 en Le Monde, dedicado al libro de Martin Breaugh, L’Expérience plébéienne. Une histoire discontinue de la liberté politique donde demuestra cómo la democracia se nutre de la insurrección, y lo hace analizando las revueltas populares, ocurridas desde la antigüedad hasta la época contemporánea. Stéphane Legrand empieza su reseña aclarando a sus lectores que “Se tiene siempre razón al insurreccionarse. Pero la insurrección no es ni la revuelta ni una revolución, es otra cosa y más que un hecho histórico: una dimensión fundamental de nuestra experiencia, es decir de nuestra relación con el mundo, con los otros y con nosotros mismos. Esta experiencia es la de la ‘plebe’, tal como la presenta Martin Breaugh.”
Pero los profesores e investigadores caen un poco más dentro de los ‘patricios’ que del lado de los ‘plebeyos’ ¿o no? ¿Por qué se fueron, entonces, a la huelga los profesores e investigadores? Para contrarrestar la implantación de programas gubernamentales enfocados a reformar las condiciones académico laborales de la educación superior y la investigación en las universidades públicas de toda Francia, incluyendo los requisitos para contratar maestros de primaria y secundaria.
Las organizaciones de profesores e investigadores solicitaron, y luego exigieron, negociar cambios y ajustes a las reformas diseñadas unilateralmente por la burocracia ministerial. Pero, lo que realmente detonó la movilización fue el rechazo, y desdén, mostrado por el Ministerio de Educación Superior e Investigación hacia el deseo de participación. Pero, ¿A quién se le ocurre optar por el enfrentamiento y la ruptura?
Sí, ¿A quién?
La intransigencia gubernamental quedó cristalizada frente a l pueblo Francés, y frente a todo el mundo, el 22 de enero de 2009 en el discurso del Presidente de la República Francesa [Ver discurso completo en sitio web de la PRF], Nicolás Sarkozy para lanzar la "Reflexión para la Estrategia Nacional sobre la Investigación y la Innovación." En esa ocasión se disiparon los rumores sobre cuál era la posición real, no ya de la ministra de Educación Superior e Investigación, Madame Valérie Pécresse, sino del propio presidente de la República, Nicolás Sarkozy.
El presidente Sarkozy resaltó lo obsoleto del sistema universitario. Sin explicar lo que para él significaba la palabra "autonomía", ni el concepto "universidad autónoma", manifestó la necesidad de que las universidades adquirieran ese estatus. Criticó el sistema de investigación e innovación "a la francesa", calificándolo de "sistema desastroso", el cual "multiplica las estructuras y despilfarra los medios". Aseguró que Francia "no está dentro del pelotón de países industrializados que encabeza la investigación y la innovación", y aclaró, que no acusaba a nadie, pero que "se ha reculado ante la necesidad de reformar nuestras universidades y nuestros organismos de investigación".
Después de expresar su total apoyo a la acción de Valérie Pécresse, le dice al mundo que él ve en la evaluación la recompensa al desempeño, y que "sin evaluación no hay desempeño". Para seguir inyectando dinero a la investigación sólo puso una condición: "que las reformas sigan su curso. Sin reformas no habrá medios suplementarios". Y puntualizó su propuesta de ir colocando progresivamente a las universidades autónomas en el centro del dispositivo de la investigación y la innovación, para lo cual los organismos de investigación deberían transformarse en agencias de medios. "Por lo que vamos a simplificar la organización del Centro Nacional de Investigación Científica, CNRS, creando institutos internos que sean agencias de medios."
En El Pensamiento Político de la Derecha, Simone de Beauvoir, señala que "...el tono categórico que adoptan por lo general los escritores de derecha. No somenten sus ideas al juicio de los demás, sino que anuncian verdades cuyo valor personal es la única, suficiente garantía. Demostrar sería rebajarse." Reflexiona sobre una de las muchas paradojas del pensamiento burgués: "los 'miembros activos' de la burguesía creen en la ciencia, la hacen, la aplican, pero sus ideólogos perseveran en desacreditarla".
La soberbia de Nicolás Sarkozy lo cegó a tal grado que creyó convertir en aliado al premio Nobel de Física 2007, Albert Fert, por el simple hecho de lisonjearlo en su discurso del 22 de enero 2009. Lo llamó "símbolo del matrimonio entre la investigación fundamental del más alto nivel y la innovación de mayor desempeño", esto a pesar de que Sarkozy sabía, supongo, que el Dr. Fert había aclarado, justo el día que le otorgaron el Nobel, que no se dejaría manipular. En el periódico Libération publicaron las palabras de Albert Fert que muestran su sentir: "En este periodo de transformación de nuestro sistema de investigación, deseo decir a nuestra ministra Valérie Pécresse que evite un enfoque ideológico que le impida conservar de manera absoluta la capacidad de coordinación, de elaboración de una estrategia nacional del Centro Nacional de la Investigación Científica, CNRS, de la que la Agencia Nacional de la Investigación, ANR, no está dotada." El Nobel agregó que "si bien es cierto que la investigación es importante para la economía, ella comienza por los trabajos fundamentales los cuales no se transfieren de manera fluida hacia las empresas (...) Lo siento [le dijo al entrevistador], debo dejarlo, el señor Sarkozy me llama".
"En 2007, deslizarse por las nieves de antaño es un placer."
En un libro escrito en 2008 por André y Raphael Glucksmann, el padre (André) le "cuenta" al hijo (Raphael), o más bien al presidente Francés, como lo sugiere el título Mai 68 expliqué a Nicolas Sarkozy:
"[...]En Mayo del 68, París es un poema. En 2007, deslizarse por las nieves de antaño es un placer". "[...] resulta conmovedora esta capital sublevada, esta ciudad salpicada de palabras y que rehace el mundo en cualquier esquina". "[...] Las fábricas abren sus puertas, las trabajadoras cuentan su día a día, y juran que 'nunca más' soportarán la cadena, los ritmos de trabajo, el cansancio, el aburrimiento, la mugre, el acoso, que ya no aguantarán a los jefecillos, a los jefazos, a los machos, ni una vida limitada a ir de casa al trabajo y del trabajo a casa."
El balance al que llegó Nicolás Sarkozy sobre el clima preelectoral de principios de 2007, lo llevó a pronunciar en Bercy un discurso donde lo central fue la descalificación total de Mayo del 68. Raphael Glucksmann puntualiza que lo dicho por Sarkozy "Es un golpe táctico, pero no sólo eso. Lo que se dice en Bercy exige una respuesta sobre el fondo de la cuestión. ¿Mayo del 68 es, o no, responsable del hundimiento de los valores comunes, del desastre de la escuela, del individualismo triunfante, de la degeneración de las instituciones?"
Raphael Glucksmann prefiere, en el diálogo con su padre André, citar directamente los "[...]términos exactos de la acusación sarkozista: 'mayo del 68 nos impuso el relativismo intelectual y moral. Los herederos de Mayo del 68 impusieron la idea de que todo se valía, de que no había ninguna diferencia entre el bien y el mal [...] Proclamaron que todo estaba permitido, que se había acabado la autoridad [...] La herencia de Mayo del 68 ha liquidado la escuela de Jules Ferry [NOTA DEL AUTOR: es el que llamaba 'Petit Roi' al presidente Thiers, el mismo que fue alcalde de París antes, durante, y después de la Comuna de París. Georges Valance en su biografía de Thiers (2007, Flammarion) expresa que lo menos que se puede decir de la reacción de Jules Ferry frente a la terrible represión contra los comuneros es que no se escandalizó demasiado.]. Acusa al 68 de haber 'introducido el cinismo en la sociedad y la política', de haber permitido «el culto al dinero, la deriva del capitalismo financiero» e incluso de ser el origen «de los contratos blindados y los empresarios sinvergüenzas»…”
Papá
Glucksmann comparte un correo electrónico dirigido a Sarkozy justo después del
discurso: “… Estimado Nicolás, No digo que sea malo tomar como blanco a los
rezagados del Mayo del 68, que quieren repetir la maniobra de ‘el fascismo no
pasará’.” “…Seamos serios: - Hablamos de la mayor huelga obrera de la historia
de Francia y del mundo, de ahí el legítimo sentimiento de dignidad del
trabajador (fue, en cierto sentido, algo mucho mayor que el Frente
Popular). – Hablamos de conquistas
sociales (acuerdos de Grenelle). –
Hablamos de un desbloqueo de la sociedad francesa. – Hablamos de una ‘crisis de civilización’
(Malraux le dio la bienvenida). Como cualquier crisis, dio lugar a lo mejor y a
lo peor. Lo peor fue el acomodo a un
nihilismo que ya existía antes y en otros lugares, y al que te has referido en
Bercy. Lo mejor, de lo que no hablas,
fue, sobre todo en Francia, el espíritu antitotalitario, la contestación a los
‘crápulas estalinistas’, el comienzo del fin del Partido Comunista
Francés. George Marchais condenó Mayo
del 68 diciendo: es un ‘complot’ gaullista…”
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<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> Ver discurso completo en sitio web de la presidencia de la república
francesa.
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después de la Comuna
de París. Georges Valance en su biografía de Thiers (2007, Flammarion) dice que
lo menos que se puede decir de la reacción de Jules Ferry frente a la terrible
represión contra los comuneros es que no se escandalizó demasiado.
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